En un huerto de frutales, dos sectores pueden presentar un nivel de nitrógeno similar y, sin embargo, enfrentar una temporada productiva muy diferente.

Uno puede estar floreciendo intensamente.

Otro puede presentar una floración mucho menor.

Y aun cuando ambos tengan muchas flores, las condiciones de temperatura durante ese período pueden haber sido muy distintas.

Esta temporada, en ViLab estamos integrando precisamente esas diferencias para apoyar una estrategia de fertilización más ajustada a la realidad de cada sector.

❝

La metodología consiste en agrupar sectores con condiciones similares de suelo y orientación, luego medir cuánto florece cada uno, evaluar si esa floración ocurrió bajo condiciones térmicas favorables y finalmente estimar su estado nitrogenado mediante imágenes satelitales calibradas con análisis foliares.

Con esas señales buscamos identificar sectores que, aun teniendo un nivel de nitrógeno similar, pueden enfrentar demandas productivas diferentes.

El punto de partida: las zonas de manejo

Antes de observar lo que está ocurriendo esta temporada, existe una característica del campo que cambia mucho más lentamente.

En los huertos que monitoreamos definimos zonas de manejo, es decir, grupos de sectores que presentan condiciones relativamente similares de suelo y orientación.

Esto permite evitar un error frecuente: comparar sectores como si todos estuvieran creciendo bajo las mismas condiciones.

El suelo condiciona el desarrollo radicular, la disponibilidad de agua y nutrientes.

La orientación modifica la radiación y las condiciones térmicas que recibe el cultivo.

Por eso estas zonas funcionan como el contexto sobre el cual interpretamos posteriormente la respuesta de las plantas.

¿Cuánto está floreciendo cada sector?

La segunda capa es mucho más dinámica.

Durante la temporada utilizamos imágenes satelitales para comparar la intensidad de floración entre sectores.

Esto permite identificar zonas con floración alta, media-alta, media-baja o baja en relación con sectores comparables de la misma zona de manejo y con su comportamiento en temporadas anteriores.

La floración nos entrega una primera señal del potencial reproductivo que está mostrando el cultivo esta temporada.

Pero la cantidad de flores tampoco cuenta toda la historia.

❝

En ViLab utilizamos el índice satelital EBI para medir floración en frutales caducos y olivos, mientras que en paltos utilizamos la caída de NDVI durante este período fenológico.

No toda floración ocurre bajo las mismas condiciones

En frutales resulta extremadamente difícil contar a escala comercial cuántas flores llegaron efectivamente a cuajar o cuántos pequeños frutos cayeron posteriormente.

Gran parte queda rápidamente oculta entre hojas y ramas.

Por eso utilizamos otra aproximación.

No intentamos contar cada fruto cuajado. Medimos las condiciones ambientales que acompañaron la floración.

La temperatura durante este período influye sobre procesos fundamentales para la reproducción.

Así, dos sectores con una intensidad de floración similar pueden haber enfrentado situaciones muy distintas.

Las bajas temperaturas durante la floración pueden dificultar este proceso de varias maneras.

El polen debe germinar sobre el estigma y desarrollar un tubo polínico capaz de crecer a través de la flor hasta alcanzar el óvulo y permitir la fecundación. Cuando las temperaturas son bajas, este crecimiento puede hacerse más lento y también puede alterarse el ciclo de apertura de las flores.

❝

En palto Hass, temperaturas nocturnas bajas —especialmente cuando descienden bajo los 10 °C— pueden reducir la germinación del polen, disminuir la viabilidad del óvulo y hacer más lento el crecimiento del tubo polínico.

Por eso, no basta con tener muchas flores y polen disponible: también debe existir una ventana térmica suficientemente favorable para que la fecundación pueda completarse.

Y al mismo tiempo, ¿cómo está el nitrógeno?

La tercera dimensión es el estado nutricional.

En ViLab combinamos índices satelitales sensibles a la clorofila y al vigor del cultivo, principalmente NDRE y NDVI, y los calibramos con análisis foliares realizados en terreno.

Esto nos permite estimar espacialmente el porcentaje de nitrógeno foliar en los distintos cuarteles y seguir su evolución durante la temporada.

El análisis de laboratorio sigue siendo útil como referencia.

La ventaja de combinarlo con satélite es que permite extender esa información desde unos pocos puntos de muestreo hacia una visión espacial del huerto completo.

Entonces la pregunta deja de ser solamente:

¿cuánto nitrógeno tiene este sector?

y pasa a ser:

¿ese nivel de nitrógeno es adecuado para la condición productiva que está mostrando el sector esta temporada?

Cuatro capas para una misma decisión

La lógica que estamos aplicando combina estas cuatro dimensiones.

  • Zona de manejo: Nos indica bajo qué condiciones de suelo y orientación está creciendo el sector y agrupa sectores comparables entre sí.

  • Floración: Nos muestra cuánto potencial reproductivo está expresando cada sector esta temporada.

  • Condiciones térmicas: Nos permiten evaluar si esa floración ocurrió bajo un ambiente favorable para la cuaja.

  • Estado nitrogenado: Nos indica cuál es el %N foliar estimado para ese sector.

La importancia está en observarlas en conjunto.

Por ejemplo, dos sectores podrían presentar un porcentaje de nitrógeno similar.

Pero si uno muestra poca floración y otro una floración intensa bajo buenas condiciones térmicas, no necesariamente están enfrentando la misma situación productiva.

Y, por lo tanto, el mismo nivel nutricional puede tener una interpretación diferente.

¿Cómo se transforma esto en una decisión práctica de manejo?

El objetivo no es generar automáticamente una dosis de fertilizante a partir de una imagen.

La lógica es utilizar estas capas como apoyo para decidir si la estrategia de fertilización de un sector debería mantenerse, aumentarse o reducirse.

No se trata de aplicar más nitrógeno simplemente porque hay más flores.

Tampoco de aumentar la fertilización porque una imagen muestra un valor nutricional menor.

Se trata de interpretar ese valor dentro de su contexto.

Dónde está creciendo el cultivo.

Cuánto está floreciendo.

Qué condiciones ambientales acompañaron esa floración.

Y cuál es su estado nutricional actual.

Con esa información podemos comenzar a ajustar la estrategia de fertilización a la realidad de cada sector, en lugar de asumir que todo el huerto tiene las mismas necesidades.

De observar el campo a manejar sus diferencias

La agricultura digital nos permite ver diferencias que antes quedaban ocultas dentro de un mismo huerto.

El siguiente desafío es convertir esas diferencias en manejo.

Y al final de la temporada tendremos una variable fundamental para validar todo lo anterior:

la producción realmente obtenida en cada sector.

Podremos comparar qué sectores florecieron más, cuáles tuvieron mejores condiciones térmicas, cómo evolucionó su estado nitrogenado y cuánto terminaron produciendo.

Con cada nueva temporada podremos comprobar qué señales fueron realmente útiles y seguir mejorando la estrategia.

Porque el objetivo de ViLab no es producir más mapas.

Es conseguir que distintas fuentes de información trabajen juntas para responder una pregunta sencilla:

❝

¿qué factores pueden estar limitando el potencial productivo de cada sector esta temporada?

Login or Subscribe to participate

Seguir leyendo

View more
caret-right