Cuando se pronostica una helada, la atención suele concentrarse en un solo dato: la temperatura mínima esperada.

Una alerta puede indicar que durante la madrugada se alcanzarán −2 °C y, a partir de ese valor, se decide si activar el riego, los ventiladores u otro sistema de protección.

Sin embargo, una misma temperatura mínima no siempre produce el mismo daño.

Pensemos en dos cuarteles que registran −2 °C. En el primero, la temperatura permanece pocos minutos bajo cero y predominan tejidos aclimatados al invierno. En el segundo, el frío se mantiene durante varias horas y ya existen brotes o estructuras florales expuestas.

La temperatura mínima es la misma, pero el riesgo agronómico puede ser muy diferente.

Esto ocurre porque el daño depende de la interacción entre:

  • intensidad del frío

  • duración del evento

  • etapa de desarrollo del cultivo

  • variedad y condición de las plantas

  • características locales del huerto

Por eso, la pregunta relevante no debería ser únicamente:

¿Qué temperatura se espera?

También deberíamos preguntarnos:

¿Qué daño puede producir esa temperatura en el cultivo y en la etapa en que se encuentra?

Figura 1. Esquema conceptual de la sensibilidad frente a una temperatura de −2 °C. La respuesta real también depende de la duración del evento, la variedad, la aclimatación y las condiciones del huerto.

Contar heladas no es lo mismo que estimar daño

La forma más frecuente de representar el riesgo de heladas consiste en calcular cuántas veces una localidad registra temperaturas bajo cero o bajo un determinado umbral.

Esta información describe el peligro climático, pero no necesariamente el daño que experimentará una especie concreta.

Una localidad podría registrar varias temperaturas ligeramente bajo cero durante una fase relativamente resistente del cultivo. Otra podría tener menos heladas, pero coincidentes con un período de elevada sensibilidad.

Para abordar esta diferencia, Viviana Tudela y Fernando Santibáñez desarrollaron un índice bioclimático orientado a estimar el daño potencial por heladas en paltos de la zona mediterránea de Chile.

Su propuesta parte de una idea fundamental:

El riesgo agrícola no depende solamente de que ocurra una helada, sino también del momento del ciclo del cultivo en que se produce.

¿Cómo construyeron el índice?

Los autores dividieron el ciclo anual del palto en cuatro fases con distinta sensibilidad a las bajas temperaturas:

  1. brotación

  2. crecimiento vegetativo de primavera

  3. follaje de verano y otoño

  4. follaje de invierno

A partir de temperaturas críticas reportadas en la literatura, construyeron curvas de sensibilidad para cada fase. Luego calcularon un índice semanal de daño, denominado Ihsem, que relaciona las temperaturas registradas con el estado estacional del cultivo.

La acumulación de estos valores semanales dio origen al índice estacional de daño por heladas, Ih.

En términos simplificados:

Temperatura semanal combinada con la sensibilidad de la fase → daño semanal estimado


Integración de los valores semanales → índice estacional de daño

A diferencia de una zonificación tradicional, el modelo no se limita a contar temperaturas bajo cero. También considera en qué momento del ciclo del palto se producen.

Un mapa para la zona mediterránea de Chile

El índice fue aplicado aproximadamente entre los 32° y 36° de latitud sur, abarcando una parte importante de la zona mediterránea chilena.

Para realizar el análisis se utilizaron datos de una grilla agroclimática de 1 × 1 kilómetro, construida a partir de información de estaciones meteorológicas.

Esto permitió calcular el índice en todo el territorio estudiado y representar espacialmente las diferencias de daño potencial.

Figura 2. Distribución espacial del índice estacional de daño por heladas en paltos.

Fuente:

Tudela, V. y Santibáñez, F. A Bioclimatic Index for Estimating Frost Damage in Avocado Trees: Chile as a Case Study for the Mediterranean Climates. Springer Nature. DOI: 10.1007/978-3-031-86777-4_63.

¿Qué muestra el mapa?

Los resultados presentan un patrón territorial definido.

En términos generales, el daño potencial aumenta desde los sectores costeros hacia las zonas interiores y la cordillera de los Andes.

El mapa también muestra valores elevados en:

  • sectores interiores con mayor exposición a bajas temperaturas

  • áreas del sur del valle central

  • parte de la zona costera meridional estudiada

Dentro de las áreas productoras de paltos, el índice estacional alcanzó valores desde niveles cercanos a cero hasta aproximadamente 0,08, con algunos sectores por encima de ese valor.

Estos resultados son coherentes con la influencia moderadora del océano y con el aumento de la exposición a temperaturas críticas en zonas interiores, valles y sectores con mayor continentalidad.

El estudio señala además que los patrones espaciales obtenidos son consistentes con las condiciones climáticas del territorio y con la percepción de agricultores locales.

¿Un índice de 0,08 significa una pérdida del 8%?

No.

El índice Ih no equivale directamente a un porcentaje de fruta perdida, árboles afectados o reducción del rendimiento.

Se trata de un valor normalizado que permite comparar territorialmente el daño potencial.

Una localidad con un índice de 0,06 presenta un mayor riesgo relativo que otra con un valor de 0,03 dentro del modelo.

Para traducir el índice en pérdidas comerciales sería necesario relacionarlo con daños observados en flores, brotes y frutos, además del rendimiento registrado durante varias temporadas y localidades.

Esta diferencia es importante para interpretar correctamente el mapa.

¿Qué aporta frente a una zonificación tradicional?

Un mapa convencional de heladas responde principalmente:

¿Dónde y con qué frecuencia se producen temperaturas críticas?

El índice desarrollado por Tudela y Santibáñez intenta responder una pregunta más agronómica:

¿Dónde esas temperaturas coinciden con fases del palto que presentan mayor sensibilidad?

La diferencia puede resumirse así:

Peligro climático = frecuencia e intensidad de las bajas temperaturas

Daño potencial = peligro climático × sensibilidad estacional del cultivo

Esta segunda aproximación permite comparar mejor la aptitud de diferentes localidades para una especie subtropical como el palto.

También ayuda a explicar por qué dos zonas con una frecuencia similar de heladas no necesariamente presentan el mismo nivel de riesgo para el cultivo.

Al finalizar el invierno, este enfoque adquiere especial relevancia. A medida que los paltos transitan desde el follaje invernal hacia la brotación y la emergencia de inflorescencias, cambia la sensibilidad frente a una misma temperatura mínima. Por ello, el estado real del cultivo debe verificarse en cada predio antes de interpretar una alerta de helada.

¿Qué demuestra el estudio?

El trabajo demuestra que es posible integrar las temperaturas con la sensibilidad estacional del palto para construir una zonificación más cercana al daño potencial del cultivo.

También permite reconocer patrones territoriales coherentes con las condiciones climáticas de la zona mediterránea de Chile.

Su principal aplicación es la zonificación bioclimática y la comparación del riesgo relativo entre territorios.

El índice no predice directamente porcentajes de pérdida ni corresponde todavía a una alerta operacional por cuartel. Para ello sería necesario validarlo con daños observados en huertos comerciales durante varias temporadas.

Desde el mapa territorial hacia la gestión del huerto

El índice fue concebido para comparar territorios. Llevar esta lógica a la gestión diaria de un huerto requeriría aumentar la resolución temporal y espacial de la información.

Un sistema predial podría integrar:

  • pronósticos meteorológicos horarios

  • duración prevista bajo temperaturas críticas

  • sensores instalados en diferentes sectores

  • topografía y acumulación de aire frío

  • estado fenológico observado

  • especie, variedad y edad del cultivo

  • antecedentes de daños anteriores

Las imágenes satelitales podrían complementar este análisis ayudando a identificar diferencias en el desarrollo de los cuarteles y evaluando posteriormente la respuesta del dosel.

Sin embargo, el principal avance conceptual ya está presente en el estudio: la temperatura mínima no debe analizarse separada del estado del cultivo.

Conclusión

El índice desarrollado por Tudela y Santibáñez muestra un aumento general del daño potencial desde la costa hacia las zonas interiores. Pero su aporte más importante es conceptual: no basta con conocer dónde ocurren las heladas; también debemos saber en qué momento del ciclo del palto se producen.

Interpretar conjuntamente clima y fenología permite pasar de un mapa de temperaturas bajas hacia una representación más agronómica del riesgo.

¿Qué variable consideras indispensable para que una alerta de heladas represente mejor el riesgo real de cada cuartel? Cuéntanos respondiendo a este correo.

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