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¿Dron o satélite?

Elegí la tecnología correcta... igual tomé una mala decisión

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https://youtu.be/9E1Ve-0v8nU

Es una de las preguntas que más se repite cuando alguien quiere empezar a usar teledetección en agricultura.
Y casi siempre es una mala pregunta.

No porque el dron sea una mala tecnología.
Ni porque el satélite no sirva.

Sino porque la pregunta aparece antes de haber definido la decisión.

El error que se repite en muchos campos

Un agricultor invierte en drones.
Cámara multiespectral, cámara térmica, alta resolución.
Mapas espectaculares.

Quiere ajustar riego.

El problema aparece después.

Su sistema de riego aplica agua de forma homogénea a nivel de bloque o sector.
No existe ninguna forma operativa de actuar de manera distinta planta por planta.

El mapa no estaba mal.
La decisión sí.

Y esto es incómodo de decir, pero necesario:
en muchos casos, el dron no falla… sobra.

El problema no es la tecnología

Este error no es exclusivo de los drones.
También ocurre al revés.

Productores que quieren hacer correcciones muy finas —dosificación variable, aplicaciones localizadas—
pero solo cuentan con información satelital de baja resolución.

Ahí el satélite no alcanza.

El problema no es el dron ni el satélite.
El problema es la desalineación entre el nivel de información y la capacidad real de actuación.

Un punto que casi nadie aclara

Para entender por qué pasa esto, hay que aclarar algo básico:

la teledetección es la misma, usemos drones o satélites.

En ambos casos hablamos de sensores remotos que miden radiación reflejada o emitida por el cultivo.
Muchas veces, incluso, los tipos de cámaras son equivalentes:

  • cámaras multiespectrales

  • cámaras térmicas

  • sensores diseñados para capturar información fisiológica

Lo que cambia no es el concepto de medición.

Lo que cambia es:

  • la resolución espacial

  • la frecuencia de captura

  • la cobertura

  • y el costo

¿Basta con una imagen satelital?

Pensemos en un caso muy concreto.

Detectamos un posible problema de clorofila o de fotosíntesis.
Queremos decidir si hacemos una corrección rápida, por ejemplo una aplicación foliar correctiva.

La pregunta real no es si el dron es más preciso.

La pregunta es otra:

¿ya tengo suficiente información para decidir, o necesito más detalle?

En muchos casos, una imagen satelital es más que suficiente.

Permite detectar el problema,
ubicarlo espacialmente,
compararlo con semanas anteriores,
y decidir si la corrección se justifica.

No necesitamos ver cada hoja.
Necesitamos confirmar el problema y actuar a tiempo.

Ahí el satélite tiene una ventaja clara:
menor costo, mayor frecuencia y menor fricción operativa.

Cuando más resolución no ayuda

Volvamos al riego.

¿Qué sentido tiene medir estrés hídrico planta por planta
si el sistema de riego o fertirriego opera a nivel de bloque o sector?

Dentro de ese cuartel no existe forma operativa de aplicar un caudal distinto a una planta que a otra.

En ese contexto, la pregunta clave no es cuánta variabilidad puedo medir,
sino a qué escala puedo realmente intervenir.

Por eso, muchas veces es mucho más útil contar con una imagen satelital
que represente el comportamiento promedio del sector de riego,
que tener un mapa con variabilidad cada pocos centímetros
sobre la cual no se puede actuar.

Más resolución no implica mejor decisión
cuando no existe capacidad de intervención a esa escala.

Ahí el satélite no es una opción “menos precisa”.
Es simplemente la herramienta correcta para la decisión que se quiere tomar.Entonces, ¿cuándo sí tiene sentido el dron?

El dron agrega valor cuando existe capacidad real de actuar sobre esa variabilidad:

  • dosificación variable

  • aplicaciones fitosanitarias localizadas

  • conteo de plantas

Ahí la resolución importa.
Y mucho.

Si no existe esa capacidad de acción,
el dron no es “demasiado avanzado”.

Es simplemente innecesario para esa decisión.

Cuando el dron no reemplaza al satélite, lo acompaña

Hay otro escenario donde el dron agrega valor,
y no tiene que ver con mayor resolución.

Tiene que ver con uso operativo inteligente.

En muchos campos, el mismo dron que se utiliza para aplicaciones fitosanitarias
no está volando todos los días.

En los períodos en que no hay aplicaciones,
ese dron puede cumplir otro rol igual de valioso:
ser un observador en terreno.

El flujo suele ser simple.

El satélite pasa,
detecta una anomalía,
un cambio respecto a semanas anteriores,
algo que se sale del comportamiento normal.

Y recién ahí entra el dron.

No para mapear todo el campo,
sino para volar bajo en ese punto específico,
confirmar qué está ocurriendo realmente,
y apoyar la decisión en terreno.

En ese esquema, el satélite no compite con el dron.
Lo activa.

Uno detecta.
El otro confirma.

La pregunta correcta

Por eso, la pregunta correcta no es:

“¿Dron o satélite?”

La pregunta correcta es:

¿me basta con el satélite
o realmente necesito un dron para la decisión que quiero tomar?

Cuando la decisión está clara,
la tecnología se elige sola.

Cuando no,
cualquier tecnología parece insuficiente…
o innecesariamente cara.

Para cerrar

En agricultura digital no se trata de recopilar datos por recopilar datos.
Los datos solo tienen valor cuando el nivel de información obtenido
está alineado con el nivel de actuación disponible.

Antes de sumar más tecnología,
conviene hacerse una pregunta simple:

¿a qué escala puedo realmente actuar en mi campo mañana?

Porque la tecnología correcta no es la más avanzada.
Es la que te permite cambiar una decisión real, a tiempo.

La teledetección no es un sensor mágico.
Es un lenguaje.

Y como todo lenguaje,
si no se entiende bien,
se puede usar…
y aun así tomar una mala decisión.

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