Cuando hablamos de frío invernal en frutales de hoja caduca, casi siempre terminamos mirando un solo número:

¿Cuántas porciones de frío lleva acumulada la temporada?

Ese valor se compara con el requerimiento de cada variedad. Si se alcanza el umbral esperado, asumimos que las yemas están en condiciones de superar el receso invernal.

Pero durante la presentación de un estudio agroclimático apareció una pregunta más interesante:

¿Da lo mismo acumular el frío en mayo, junio o julio, o también importa cuándo ocurrió?

Desde el punto de vista matemático, una porción de frío es siempre una porción de frío. Sin embargo, el árbol no se encuentra en el mismo estado durante todo el otoño y el invierno.

Ahí está la diferencia.

Una porción no cambia de valor según el mes

Las porciones de frío se calculan mediante el Modelo Dinámico, que representa la acumulación como un proceso de dos etapas.

Primero se forma un compuesto intermedio sensible a las temperaturas cálidas. Cuando alcanza cierto nivel, se transforma en una porción de frío estable.

Por eso, una porción formada en mayo tiene el mismo valor matemático que otra formada en julio.

Lo que cambia no es la porción, sino el estado fisiológico del árbol mientras el frío se acumula.

El árbol no está esperando pasivamente

Podríamos imaginar el invierno como un contador que comienza a llenarse durante el otoño. El problema es que el árbol no es un dispositivo electrónico esperando llegar a cierto número.

Mientras cambian las temperaturas, también cambia su fisiología.

Durante la paradormancia, el crecimiento de las yemas está inhibido principalmente por otras partes del árbol. Más adelante entran en endodormancia, etapa en la que no pueden brotar aunque aparezcan temporalmente condiciones ambientales favorables.

A medida que acumulan frío, las yemas reducen progresivamente la profundidad de esa endodormancia.

Cuando el requerimiento se satisface, las yemas quedan en condiciones de responder al calor durante la ecodormancia.

Si el invierno no entrega suficiente frío, la transición puede quedar incompleta o producirse de manera desuniforme: algunas yemas necesitarán más calor, otras brotarán más tarde y algunas podrían no desarrollarse normalmente.

El árbol no está contando frío. Está cambiando de estado.

¿Qué ocurre con el frío acumulado muy temprano?

En muchos análisis se comienza a contabilizar el frío desde una fecha convencional, como el 1 de mayo. Es una solución práctica, pero no significa que el árbol entre en endodormancia ese día.

Durante el otoño disminuye la actividad vegetativa, avanza la senescencia y el árbol se aclimata progresivamente a las bajas temperaturas.

Por eso, la acumulación mensual ayuda a describir la historia térmica de la temporada, pero no permite determinar por sí sola el estado de las yemas. Para interpretarla correctamente conviene considerar también la caída de hojas, la fenología del huerto y, cuando sea posible, pruebas de brotación forzada.

El mismo total puede esconder dos inviernos distintos

Supongamos una variedad con un requerimiento cercano a 36 porciones de frío.

En dos temporadas diferentes, el huerto termina julio con el mismo total: 45 PF. Sin embargo, la acumulación no siguió el mismo camino.

Porciones de frío acumuladas

Fecha

Temporada A

Temporada B

31 de mayo

10 PF

5 PF

30 de junio

28 PF

22 PF

10 de julio

36 PF

27 PF

20 de julio

41 PF

36 PF

31 de julio

45 PF

45 PF

Ejemplo ilustrativo. Los valores muestran cómo un mismo total puede alcanzarse siguiendo trayectorias diferentes.

En la temporada A, la variedad completa su requerimiento alrededor del 10 de julio. En la temporada B lo hace aproximadamente diez días después.

Ambas terminan julio con 45 PF, pero no alcanzaron el umbral en la misma fecha.

El corte al 31 de julio se utiliza únicamente para facilitar la comparación. El Modelo Dinámico puede continuar sumando porciones durante agosto.

La otra mitad de la historia: el calor

Completar el requerimiento de frío no provoca una brotación inmediata.

La yema queda en condiciones de responder, pero su avance dependerá del calor efectivo acumulado posteriormente.

Científicamente, este proceso puede medirse mediante horas grado de crecimiento, conocidas como GDH. Este indicador considera tanto la duración como la intensidad de las temperaturas.

Una hora a 7 °C, otra a 15 °C y otra a 24 °C no producen necesariamente el mismo avance fisiológico.

Uno de los métodos utilizados en estudios de dormancia es el modelo de Anderson.

Como referencia, el modelo de Anderson asigna un aporte térmico creciente desde una temperatura base cercana a 4,5 °C hasta un óptimo alrededor de 25 °C. Sobre ese nivel, el aporte disminuye hasta aproximarse a cero cerca de 36 °C.

En términos prácticos:

  • las temperaturas muy bajas aportan poco o nada;

  • las temperaturas moderadas acumulan calor efectivo;

  • el aporte aumenta al acercarse al rango óptimo;

  • las temperaturas excesivamente altas pierden eficiencia.

El conteo debería comenzar desde la fecha estimada en que cada variedad completa su requerimiento de frío, no desde una fecha única para todo el huerto.

Volvamos al ejemplo.

La temporada A completa el frío el 10 de julio y la temporada B el día 20. Si posteriormente ambas reciben condiciones similares y suficientemente templadas, la primera comenzará antes a acumular calor efectivo y podría avanzar antes hacia la brotación y la floración.

Pero alcanzar primero el requerimiento no garantiza por sí solo una floración adelantada. Si las semanas siguientes continúan frías, el desarrollo será lento y la diferencia entre ambas temporadas podría reducirse.

La relación puede resumirse así:

Mismo frío total → distinta fecha de cumplimiento → distinta acumulación inicial de calor → posible desplazamiento de la floración.

Frío y calor tampoco funcionan como dos contadores completamente independientes. Una yema que apenas completa su requerimiento puede necesitar más calor para brotar que otra que continuó acumulando frío durante varias semanas.

Por eso, el requerimiento térmico no debería interpretarse como un valor fijo.

No todas las variedades necesitan lo mismo

El requerimiento de frío cambia según la variedad y también puede verse afectado por el portainjerto, la localidad y la edad del huerto.

Los siguientes valores centrales sintetizan resultados referenciales obtenidos en distintos ensayos realizados en Chile:

Requerimientos referenciales de frío en variedades de cerezo

Variedad

Requerimiento referencial

Nimba

36 PF

Lapins

37 PF

Sweet Aryana

37 PF

Pacific Red

38 PF

Meda Rex — IVU 115

40 PF

Santina

43 PF

Regina

55 PF

Valores centrales aproximados y referenciales.

Varias de las nuevas variedades tempranas presentan requerimientos bajos o moderados. Sin embargo, no son precoces solamente porque necesiten menos frío.

La fecha de cosecha también depende del calor acumulado después del receso, del momento de floración y de la duración del desarrollo del fruto.

Dos variedades pueden completar su requerimiento en fechas similares y, aun así, florecer o cosecharse en momentos distintos.

¿Podemos observar esta transición desde el espacio?

Durante el otoño disminuye la actividad fotosintética, se degrada la clorofila y finalmente caen las hojas. Estos cambios modifican la manera en que el dosel refleja la radiación.

Los satélites pueden detectar esta transición mediante índices de vegetación como el NDVI, permitiendo comparar:

  • el avance de la senescencia;

  • la fecha aproximada de pérdida de actividad del dosel;

  • variedades o cuarteles que permanecen activos durante más tiempo;

  • diferencias entre temporadas.

Esta información permite ajustar el inicio operativo de la dormancia y de la acumulación de frío, en lugar de asumir que todas las variedades, cuarteles y zonas comienzan el proceso el 1 de mayo.

Por ejemplo, si un cuartel mantiene actividad vegetativa durante más tiempo, puede ser razonable comenzar su análisis de frío desde una fecha posterior. En otro que entra antes en senescencia y caída de hojas, el periodo podría iniciarse antes.

La información satelital también aporta durante la primavera. El aumento de la cobertura verde y de la actividad fotosintética permite estimar y comparar el inicio del desarrollo vegetativo, además de observar la velocidad con que distintos cuarteles recuperan su actividad.

La pregunta que deberíamos hacer

Las porciones de frío siguen siendo una herramienta fundamental. Pero un único número no describe por completo el estado del huerto.

Dos temporadas pueden terminar con la misma cantidad de frío y diferir en la fecha en que cada variedad completó su requerimiento y en el calor efectivo que recibió después.

La próxima vez que revisemos las porciones de frío, no deberíamos preguntar solamente:

¿Cuánto frío lleva acumulado el huerto?

También deberíamos preguntar:

¿Cuándo completó cada variedad su requerimiento, cuánto calor efectivo acumuló después y cómo respondió el huerto?

Porque el árbol no está esperando a que termine el invierno.

Está respondiendo, día a día, a la historia térmica que le tocó vivir.

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Si quieres profundizar en el tema, revisa también ❄️ Dormancia bajo control y La acumulación de frío en los frutales.

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